Una promesa de cuidados
La enfermera envolvió suavemente a Susan con la manta y habló con voz tranquilizadora. “Aquí estás a salvo. Descansa, ¿vale?” Susan asintió con la cabeza, y un rastro de alivio suavizó la tensión de su rostro mientras el hospital bullía silenciosamente a nuestro alrededor, transmitiendo su propia y extraña sensación de calma. Fuera, la noche había caído por completo, el mundo se había reducido a un silencioso telón de fondo, mientras que dentro, Susan había encontrado al menos un refugio temporal de la tormenta.

Una promesa de cuidados
Informar
Fuera, llamé a la comisaría para informar de lo ocurrido. “Tenemos una situación, pero aún estoy reuniendo detalles”, dije, manteniendo la voz firme. De momento, me guardé los detalles del estado de Susan, sabiendo que ya habría tiempo de compartirlos más tarde, y me centré en transmitir lo esencial para asegurarme de que comprendían la urgencia. Éste era un caso que no iba a dejar escapar.

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