Un asentimiento unificado
El abuelo asintió humildemente con la cabeza, respirando hondo mientras reconocía a la multitud, tendiendo un puente entre sus actos pasados y la admiración que ahora recibía. Su historia no le pertenecía sólo a él, sino que conectaba a todos los presentes, uniéndonos a través de su relato. Aunque al principio parecía reservado, la sonrisa de su rostro reveló lo mucho que el reconocimiento significaba para él.

Un asentimiento unificado
Saludo de los guardias
Los guardias, que habían estado a punto de llevarse al abuelo, de repente se pusieron firmes y le saludaron. Era sorprendente: aquellos mismos hombres, que antes eran los “malos”, ofrecían ahora una de las mayores muestras de respeto que una persona puede dar. El abuelo devolvió el saludo, comprendiendo perfectamente su significado, y se notaba que ambas partes sentían que era lo correcto en aquel momento.

Saludo del guardia